
Lo que nunca muere
Por Jaime Clara
Es una pena escribir bajo los efectos de la noticia de la muerte de Hugo Nantes. Aunque confieso que aun estuviera vivo, no podría ser objetivo con él. La fuerza del cariño y la admiración nublarían la vista y no permitirían tener la ecuanimidad necesaria para escribir sobre él. O para entrevistarlo, como intenté varias veces, pero siempre Hugo siempre terminaba ganándome.
Siempre fue un hombre más cerca como amigo de mi padre que como artista. Primero estuvo cerca de mi familia y después, ya crecido, lo admiré como artista. Siempre, de chico, me impresionó la tertulia que armaba con sus amigos en su taller de la calle Ciganda. Debe ser de las pocas casas de San José que siempre estaba abierta. Y allí entraba cualquiera y era bien recibido. “El Loco Nantes” fue un tipo genial. Loco perdido. ¿O un personaje? Siempre pensé que se hacía más de lo que era.
Desde el punto artístico ubicó a San José en el panorama de la plástica uruguaya. Sus pinturas, sus dibujos, su estilo, el humor de muchos de sus cuadros permitieron que, además, Nantes distribuyera a lo largo y ancho del país y tantos destinos, otros temas más tradicionales como marinas, naturalezas muertas o paisajes. Pero el gran salto, sin red, del que fue protagonista fue cuando comenzó a crear ese mundo insólito de las esculturas en chatarra. Esas figuras únicas, casi totémicas muchas de ellas, personajes siniestros, otros más amables y entrañables como los jugadores de truco, fueron una fauna de la que Hugo Nantes es el hacedor único. La veta artística de Nantes tiene un antes y un después de las esculturas. La plástica uruguaya tiene un antes y un después de las esculturas de Nantes. No creo que sea justo esperar a que el tiempo pase para dimensionar el valor cultural que tuvo Hugo Nantes.
Otro maragato, Antonio Pippo, en un programa de radio, recordando a Nantes recitó una estrofa del poema que el poeta lunfardo Julián Centella escribió cuando murió su padre. Me parece el mejor homenaje para Hugo.
Por Jaime Clara
Es una pena escribir bajo los efectos de la noticia de la muerte de Hugo Nantes. Aunque confieso que aun estuviera vivo, no podría ser objetivo con él. La fuerza del cariño y la admiración nublarían la vista y no permitirían tener la ecuanimidad necesaria para escribir sobre él. O para entrevistarlo, como intenté varias veces, pero siempre Hugo siempre terminaba ganándome.
Siempre fue un hombre más cerca como amigo de mi padre que como artista. Primero estuvo cerca de mi familia y después, ya crecido, lo admiré como artista. Siempre, de chico, me impresionó la tertulia que armaba con sus amigos en su taller de la calle Ciganda. Debe ser de las pocas casas de San José que siempre estaba abierta. Y allí entraba cualquiera y era bien recibido. “El Loco Nantes” fue un tipo genial. Loco perdido. ¿O un personaje? Siempre pensé que se hacía más de lo que era.Desde el punto artístico ubicó a San José en el panorama de la plástica uruguaya. Sus pinturas, sus dibujos, su estilo, el humor de muchos de sus cuadros permitieron que, además, Nantes distribuyera a lo largo y ancho del país y tantos destinos, otros temas más tradicionales como marinas, naturalezas muertas o paisajes. Pero el gran salto, sin red, del que fue protagonista fue cuando comenzó a crear ese mundo insólito de las esculturas en chatarra. Esas figuras únicas, casi totémicas muchas de ellas, personajes siniestros, otros más amables y entrañables como los jugadores de truco, fueron una fauna de la que Hugo Nantes es el hacedor único. La veta artística de Nantes tiene un antes y un después de las esculturas. La plástica uruguaya tiene un antes y un después de las esculturas de Nantes. No creo que sea justo esperar a que el tiempo pase para dimensionar el valor cultural que tuvo Hugo Nantes.
Otro maragato, Antonio Pippo, en un programa de radio, recordando a Nantes recitó una estrofa del poema que el poeta lunfardo Julián Centella escribió cuando murió su padre. Me parece el mejor homenaje para Hugo. “Qué mundo habrá encontrado en su apoliyo
si es que hay un mundo pa´los que se piantan.
Sin duda el cuore suyo se hizo grillo,
Texto ublicado en "Primera hora" de San José. 11 de marzo de 2009



Mi primer contacto con la obra de Neme fue apenas llegué a Montevideo desde San José, en 1978. Vi su obra en algún programa de televisión o en algún diario. Recuerdo que siempre me llamó la atención su nombre (Clarel..... ¿hombre o mujer?) y luego la obra. Yo ya sentía mucha curiosidad por la caricatura. Pero hasta el momento había visto solamente caricaturas periodísticas. Recién a los catorce o quince años, al ver los cuadros de Neme, descubrí el mundo del humor en la pintura, de la sátira y por qué no de la caricatura, más allá del dibujo de prensa. Recuerdo hasta hoy el deslumbramiento que fue descubrir aquellas pinturas. Después, en aquella época, conocí el trabajo desenfadado de otro artista, igual que Neme, injustamente no reconocido, Hugo Longa. Ya que menciono a Longa, hay un hecho ocurrido en 1970 que tuvo como protagonista a Clarel Neme y a su esposa Alicia Karlen Gugelmeier, que lo visitaron en su taller. Luego de toda una tarde de charla y mirando la obra, Alicia compró la producción de todo un año de Longa: 12 cuadros, 28 telas, 30 acuarelas y 10 objetos. Al día siguiente, Longa renunció al banco en el que trabajaba en lo que fue el comienzo de una carrera artística única.












