5 de abril de 2010

Con Jorge Centurión (1916-2002)

La pasión por perdurar*

Por Jaime Clara
Dueño de una memoria prodigiosa, carga su espigada humanidad todos los días hacia el sótano de su casa, en el barrio Flor de Maroñas, lejos del centro de Montevideo, pero en el medio del ruido de Camino Maldonado, donde en un completo caos y desorden comienza a recordar los momentos más felices de su existencia: los vividos durante los años treinta. Pinceles, tintas de colores, bollones, latas, cuadros terminados, otros en pleno proceso de creación, se mezclan con diarios, revistas, recortes propios y ajenos, recogidos durante toda una vida entre dibujos y dibujantes. Nostálgico por naturaleza, se ha empeñado a pintar esos recuerdos, para que su obra quede, y no como los miles de ilustraciones que realizó, que tuvieron –según cree- una vida demasiado breve de tan sólo veinticuatro horas.

Nací en 1916, en Entre Ríos, Argentina. Mis padres son uruguayos, pero mi madre tenía toda su familia uruguaya en aquella provincia. Mi abuelo era vasco. Puso un establecimiento de campo en el departamento de Soriano, en Palmitas, en la zona del arroyo Cabelludo. Estoy hablando del tiempo de Latorre. Había enfrentamientos permanentes y los colorados le carneaban los animales porque él era blanco. Como le carneaban mucho, decidió irse para Entre Ríos con toda la familia. Mis padres se conocieron en Uruguay pero se casaron allá. Mi padre, tenía arrendado un campo muy famoso, La Tachuela, en Cololó, que todavía debe ser uno de los mejores campos de la República. Yo me crié en ese campo. Como las mujeres antes no iban al sanatorio ni al hospital, sino que iban a la casa de sus padres a tener familia, mi hermano y yo nacimos en Entre Ríos.

¿Hasta qué edad estuvo en Argentina?
Hasta que me envolvieron y me trajeron. (Se ríe) No habré estado más de una semana. Pero íbamos muy seguido a visitar a todos los parientes.

¿Dónde pasó su infancia?
Hasta los diez años en el campo. Después pasamos a estudiar a Mercedes, donde terminamos la primaria y el liceo. Luego vinimos a Montevideo.

¿Cuándo empieza su inclinación por el dibujo?
De muy pequeño. Casi ni me acuerdo. Para mí, uno de los mejores regalos eran lápices de colores y crayones. A los ocho años recortaba dibujos y caricaturas de diarios y revistas. Miraba con interés Caras y caretas donde se publicaban muchas caricaturas. En casa recibíamos El Bien Público y recortaba ilustraciones de dibujantes franceses. Entre esos dibujos que el diario levantaba había un dibujante que, después me enteré, se llamaba “Toño” Salazar. Era un muchachito de 14 años que había llegado a París. Pero había llegado a Francia porque era el hijo de un ex presidente de El Salvador. Dibujaba espléndido, muy original. Se hizo muy famoso. Después vino a Uruguay y fui su compañero en Peloduro y le conté la historia, que yo, siendo niño, lo admiraba.


¿Cuándo publica su primer dibujo?
En un diarito, El Pueblo, de Mercedes. Era un diario blanco de un amigo de mi padre. Yo hacía caricaturas de los profesores y Manuel Pérez, hijo del director del liceo, que era compañero de clase, me pidió la caricatura del “Chivo Cuestas” que era profesor de literatura y lenguaje. La hice y se la dio a un señor Astorga, que después fue periodista de El Debate, que la hizo grabar en linóleo y la publicó. Le pusieron un versito que todavía me acuerdo. Decía “profesor de los mejores, con facultades sobradas, que merece los honores de toda la muchachada...” Y así salieron varias caricaturas. Con el tiempo empecé a mandar dibujos a El Bien Público.

¿Por qué a ese diario?
Porque un primo que vivía con nosotros se vino a estudiar a Montevideo, acompañado de un muchacho Arrieta. La hermana era novia de un tal Acuña muy vinculado a la Unión Cívica, que tenía mucho contacto con un gran periodista y poeta de San José, Ernesto Pinto. Un día le llevaron una carpeta con un montón de dibujos míos y los empezaron a publicar. Eran caricaturas de Chiarino y de dirigentes políticos de la época. Después vine a Montevideo y seguí publicando. Siempre gratis. Había que pagar derecho de piso, no había dónde aprender. No es como ahora que hay lugares donde se enseña. Antes no. Al tiempo, después de una huelga, me llamaron para dibujar, pero ahí ya me pagaron. Un gran sueldo: $ 20. Eran como veinte dólares de aquella época ¡Un sueldazo! Después, en 1935, pasé a Uruguay, el diario de Natalio Botana. Hacía caricaturas políticas y sobre todo reconstrucciones de crímenes. En un tiempo estuvo Pedro de Rojas, un español que hacía unas reconstrucciones espléndidas. Le daban los datos, le contaban algún detalle y armaba el dibujo. Nadie dibujó en Argentina como él.

¿Cómo llegó al diario de Botana?
Mi padre tenía un tambo en Florida que necesitaba clientes en Montevideo para colocar la leche. Una tía mía le salió a buscar a esos clientes por Pocitos. Tocó un timbre y la dueña de casa, de apellido Cash, le dijo que pasara –mi tía era muy elegante y sociable- ya que estaba tomando el té con una amiga. ¡Era la señora de Botana! Doña Salvadora Honrubia de Botana, que era escritora. Mi tía le dijo que tenía un sobrino que dibujaba. Doña Salvadora sacó una tarjeta y escribió: “Don Pedro de Rojas, dele trabajo al portador”. Fui al otro día y de Rojas me dijo “pase, siéntese acá y dibuje”. Tenía lápiz, papel, tinta y ya me quedé. Ese fue mi segundo trabajo. Mi jefe era Víctor Poggi, que dibujaba muy bien. Aprendí mucho con él y fuimos muy amigos. Era muy culto en pintura, sabía mucho de arte. En esa época llegó Torres García, que se rodeó de un grupo de pintores y dibujantes entre lo que estaba Poggi, que me contaba de las tertulias que se formaban en el taller. Todavía en mi memoria todavía tengo cosas que jamás he leído sobre Torres. Cosas por ejemplo como que “lo importante no es saber dibujar, lo importante es saber desdibujar, porque dibujar dibuja cualquiera, pero no todos pueden desdibujar. Figari y Barradas desdibujan, yo también”, decía el Maestro.

¿A qué se refería?
Era que con muy pocos trazos se podía hacer algo completo. Lo importante en un cuadro es la composición. Y es cierto. Una composición bien hecha salva cualquier cosa, hasta defectos del dibujo. Justamente Poggi tenía la escuela de un español, Macaya, que dibujaba en Caras y Caretas, con un dibujo muy simple, a veces no muy hábil, pero la composición era muy concisa. Era el rival de Alejandro Cirio, otro gran dibujante español que había en Buenos Aires.

¿Ud. a quién se parecía?
Nunca me gustó embanderarme. No me parecía a nadie. Los estudiaba a todos. Lo importante es saber decir “se acabó y ahora hago lo mío.” Esa época me vino muy bien porque yo era hábil para el dibujo, pero medio retorcido. Poggi me reclamaba que hiciera los dibujos simples. Desde esa época me ocupé más por la composición que por el dibujo mismo.

Luego cambia de diario.
Estuve en El Pueblo que había sido de Terra y en esa época era de Charlone. Después paso a El Tiempo de Baldomir. Como veo que el diario se estaba acabando, porque su grupo político era muy chiquito y él ya no era nadie, en el ’46 me fui a El Diario.

¿Cómo se pasaba de un diario a otro?
En general me llamaban. En ese momento se había ido
Bello y fueron a buscar a Suárez. Pero como Peloduro era de izquierda y el diario era de derecha, a Suárez no le gustaba dibujar ahí y, menos, hacer caricaturas políticas. Hizo muchos chistes que eran pensados por él, pero en el caso de las caricaturas ellos decían qué es lo que había que hacer. Entonces, Carlos Martínez Moreno sugirió mi nombre y me llamaron. En aquel momento ese diario funcionaba muy bien. Largué al otro, que se fundía, y enganché enseguida.

¿Qué dibujaba?
Allí se hacían caricaturas, pero el estilo que predominaba era el de “macacos” con versitos. Trabajamos juntos con Elbio Quintana Solari, que era de Paysandú, Martínez Moreno, José Mª. Peña, un periodista excepcional y Carlos Manini Ríos. Un día ellos se empezaron a ir: Manini a La Mañana, a Quintana Solari lo designaron embajador, Peña se jubiló y Martínez Moreno se fue. Me quedé solo, pero ya había aprendido a hacer versos. Siempre con el hecho noticioso del día. Era lo primero que la gente leía del diario. Además, ilustraba otras cosas como los suplementos y a veces me mandaban a hacer letras, cosa que nunca supe hacer muy bien. Los domingos salían unas páginas que se llamaban Montevideanas, donde tuve que crear un estilo propio. Se trataba de tomar diferentes aspectos de Montevideo. Dibujaba determinados espacios de la ciudad e inventaba chistes y situaciones. Todo eso me obligaba a unas definiciones plásticas bastante complicadas y complejas que tenía que simplificar. Era algo parecido a lo de Abín, que lo hacía tan bien. Eso me obligó a tener un estilo, cosa que yo no quería. El tener un estilo muy definido hace que todo se vuelva muy mecánico. Eso pasa con la historieta. Por eso nunca me gustó mucho la historieta, porque uno tiene que dibujar el personaje y es siempre lo mismo. El dibujo se transforma en algo muy repetido. Me gusta el dibujo improvisado. En la pintura, uno tiene otras posibilidades de ir enriqueciéndose y haciendo las mismas cosas, pero en forma distinta. Este es un tema clave para quien no quiere que se le peguen formas, que terminen en un dibujo prefabricado. Por ejemplo, Julio E. Suárez era muy hábil pintor. Yo le decía que tratara de cultivar la pintura porque un día iba a tener que dejar la caricatura y dedicarse a la pintura, ya que tenía tanta facilidad. Él me respondía que no, que este país uno tiene elegir entre ser pintor o ser dibujante. Y Peloduro quedó como un humorista periodístico muy rico, pero quedó en ahí. Y eso se pierde. Creo que lo que no muere es la pintura.

¿Ud. cree que el dibujo de prensa es efímero?
Sí. Se compra el diario, se lee, la gente festeja un poco, lo tira y chau, al basurero. Claro que hay excepciones. Las caricaturas de Sábat no van a morir nunca. Es como las caricaturas de Daumier o Toulouse Lautrec. Pero la de los dibujantes como yo tiene una vida muy corta. Las de Arotxa van a tener vida más larga que las mías.

¿Por qué?
Porque yo no soy genial. Hay caricaturistas muy buenos como Radaelli que el pueblo no los conoce o el mismo Julio E. Suárez. La muchachada de hoy no lo conoce y pregunta qué es Peloduro y quién era La Porota.

Fue una época de muchos caricaturistas.
Estaba Peloduro, muy amplio para el humor; tal vez el más creativo para hacer chistes. Después vino Sábat que era una cosa muy seria. Mario Radaelli, creo que había nacido Italia, un hombre muy gracioso, pequeño, de nariz grande. Otro muy bueno, de Acción, que se llamaba Alvarez. Tenía un dibujo muy afrancesado, muy bonito. Era funcionario del municipio y cometió la macana de firmar Alv. Como era un dibujo tan bueno y esa firma tan rara que la gente creía que lo levantaban de Europa. En Marcha hubo excelentes dibujantes y caricaturistas. Uno muy interesante, que era de Mercedes, Millot de apellido. Firmaba Millo, era muy divertido. Estaban Pacho, Loureiro y Mingo Ferreira que hacía unos dibujos excepcionales.

¿Siempre firmó Cent?
Generalmente, porque Centurión era muy largo. A veces firmé Salla, por Sallaverry, mi segundo apellido, otras Miller, que era el segundo apellido mi padre. La firma tiene que ser algo breve. Me acuerdo que le dije a Arotxarena que acortara el apellido y empezó a firmar Arotxa. En Marcha firmaba C.

Ud. me habla de la corta vida de las caricaturas, ¿por eso ahora pinta?
Justamente. El dibujo periodístico lo pasé a la pintura. El dibujo de diarios era una cosa impuesta, muy anecdótica, concreta en un momento. Fuera de ese tiempo pierde el sentido. Es como los chistes. Me ofrecieron publicar libros con chistes y yo me negué porque siempre estaban referidos a situaciones que, en otro tiempo, no se pueden explicar. Sólo algunos son intemporales. Por ejemplo hoy me gustaría hacer un chiste sobre la polémica entre Jorge Batlle y Tabaré Vázquez sobre si usan papelitos para hacer sus discursos. Dentro de diez años, quién se va a acordar a si la cosa era con o sin papelito.

¿Hoy sólo pinta?
Solamente. Basándome en mi memoria pinto recuerdos de juventud. Es una pintura autobiográfica. Una vez escuche a alguien decir que un filósofo era “el más autobiográfico” que existía. ¿Por qué? Porque el nuevo pensamiento existencial es una autobiografía. Se parte del yo para averiguar el ser y el ser es el origen. Mis temas son justamente los años ’30, Montevideo, Mercedes, Buenos Aires, mis orígenes.

Pero su yo, como Ud. dice, no sólo es el de aquella época. También es hoy, en 1999.
No, porque a la distancia es distinto. No sé por qué, pero cuando uno ve las cosas a la distancia le da un halo de poesía. Tal vez uno ve hoy, aquellas cosas, más hermosas de lo que fueron. Es una época que se extraña y que me gustaría vivir de nuevo. Es parte de una escuela de pintura. Los pintores van a lugares y no hacen apuntes. Traen las imágenes en su memoria. Uno es mucho más libre, más espontáneo, que si lo está copiando. Un poco es lo que yo hago. Alguien decía que la memoria del intelecto es muy frágil, en cambio la memoria del corazón esa no olvida nunca.

Anáglifos
Otra pasión de Centurión son los anáglifos. Según el diccionario “es una obra tallada, de relieve tosco”. Para el artista “son esculturas chatas, figuras recortadas en cartón ancho, viruta prensada o fibra. Tienen su origen en la observación del arte precolombino. Si bien van colgadas en la pared, son esculturas porque tienen relieve, huecos y tienen pintura. Las hago desde los años ’60. Era la época del informalismo, en que la gente inventaba cualquier cosa. Es lo único que he hecho que no tiene como centro la figura humana. Son como dioses, bichos, formas abstractas. Hoy tengo problemas para encontrar los materiales adecuados”

* Entrevista inédita realizada en 1999.

25 de marzo de 2010

Algunas autocaricaturas, autodibujos y autorretratros.

Hermenegildo Sábat
Roberto Fontanarrosa

Pablo Picasso


José Luis Cuevas



Pancho Graells

Quino




Federico Fellini



Luis Scafati


José Martí
Alfred Hitchcock



15 de marzo de 2010

Noticias: falleció caricaturista Pedro Seoane


Pedro Seoane (Durazno 1938 - Montevideo 2010), dibujante,caricaturista, artista plástico. Su actividad más destacada fue la decaricaturista. Durante la década de 1960 dibujó para "Marcha"colaborando en el semanario junto a Blankito, Yenia Doumnova, Mingo, Pieri y otros dibujantes de la época, también dibujó para eldiario "El País". Participó en diferentes muestras en España, Corea del Sur, Bélgica y Estados Unidos. En los últimos años se dedicó apasionadamente a la caricatura digital, abandonando totalmentela creación de dibujos realizados con elementos tradicionales comotinta pluma, lápiz o pincel. Le interesaba destacar que los dibujos que realizaba estaban trabajados "exclusivamente con la computadora, sin utilizar imágenes escaneadas". Aunque pintó durante los últimos años y su obra pictórica estaba en pleno crecimiento creativo, es es desconocida para el público. Estábamos en un proyecto para publicar un libro con sus trabajos. Tenía mucho entusiasmo con esa idea.

12 de marzo de 2010

Noticias: más amenazas por caricaturas de Mahoma


Copenhague (Agencia EFE).- El dibujante sueco Lars Vilks, autor de una caricatura de Mahoma como un perro, aseguró este miércoles que no siente miedo tras la detención en Irlanda y en EEUU de varias personas acusadas de planear su asesinato, y dijo que no se arrepiente de haber hecho la viñeta en 2007. "No tengo miedo, ya llevo un tiempo con esto, desde que en 2007 Al Qaida me amenazó, así que debo arreglármelas, ése es el punto de partida", afirmó este miércoles en una entrevista al canal sueco TV4 Vilks, quien dijo que si tuviera que hacer el dibujo de nuevo, lo haría.
Vilks, que se desplazó sin escolta desde su residencia en el sur de Suecia hasta los estudios del canal en Estocolmo, aclaró que no tiene nada en contra del Islám ni de los musulmanes, si bien reconoció que existe un problema cuando algo privado como la religión se convierte en público.
El dibujante sueco invitó al Islám a seguir el ejemplo de otras religiones como el cristianismo, que ha aprendido que en casos de ofensas es mejor "suspirar y no hacer caso"."Mi dibujo fue realizado dentro de un contexto artístico. Puedes ultrajar todas las religiones, pero no el Islám, es una excepción, y eso constituye un problema. Hay un bloque de izquierdas contra un bloque liberal, es ahí donde se desarrolla la gran pelea", explicó.Vilks admitió que la publicación en septiembre de 2005 de doce caricaturas de Mahoma por el diario danés "Jyllands-Posten", que provocó un conflicto con el mundo islámico meses después, constituyó una inspiración para su obra, y se mostró partidario de la publicación masiva de ese tipo de viñetas. "Así se hubiera producido una explosión. Si se hubieran publicado las imágenes por todas partes, se hubiera hundido todo y habría perdido su fuerza", señaló.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó hoy a una mujer del estado de Pensilvania de estar vinculada con un presunto plan para asesinar al caricaturista sueco.Según los fiscales federales, Colleen LaRose, arrestada en octubre aunque su caso fue mantenido en secreto, se había relacionado con un grupo militante a través de internet para llevar a cabo el asesinato.Cuatro hombres y tres mujeres musulmanes fueron detenidos ayer en Irlanda en el marco de una investigación conjunta de las fuerzas de seguridad de varios países europeos y de la CIA y el FBI estadounidenses.
El primer ministro sueco, el conservador Fredrik Reinfeldt, señaló este miércoles que había que tomar "en serio" lo ocurrido y llamó a esperar al resultado de la investigación especial para estudiar posibles medidas, si bien resaltó que en Suecia se defienden de igual forma la libertad de expresión y la de culto.La ministra de Justicia, Beatrice Ask, declaró que todavía era demasiado pronto para estudiar una posible petición de extradición de los detenidos por parte de las autoridades suecas.

9 de marzo de 2010

Uruguayos: Julio E. Suarez "Peloduro"

Peloduro era uruguayo

Jaime Clara

«Dios nos puso en esta ciudad por no saber donde diablos ponernos» proclamaba el lema de la revista Peloduro, nacida el 28 de julio de 1943. Su creador fue Julio Emilio Suárez Sedraschi. Cuando le pedían una autodefinición respondía que «nunca tuve auto ni definición. No me alcanzan la plata ni los méritos.»

Conocido como Jess, Peloduro, Pelo o el Mono, Julio E. Suárez nació en Salto el 16 de setiembre de 1909. En 1927 viajó a Montevideo a estudiar arquitectura y no pasó de primer año porque «acompañaba esos estudios con un poco de periodismo. El olor a tinta que siempre tiró, pudo más que la carrera. No me arrepiento.»

Iniciada la década del ’30, comenzó como cronista parlamentario en El Nacional. «Era un adolescente desgarbado, alto, con aire ingenuo y burlón, ojos sonrientes y asombrados», recuerda el director del diario, Carlos Quijano. «Iba a la Cámara y volvía cargado de ‘monos’ para ilustrar las crónicas parlamentarias. Así nació el caricaturista, fundador de un estilo uruguayo de sátira y mojón auténtico en la historieta y el humor.

En El Nacional nacieron Roncadera y Wing, dos personajes, ácidos observadores de la realidad política, precursores de Peloduro y El Pulga respectivamente. Cuando el diario cerró, Suárez pasa a El País, en 1933, y tres años después ingresó a El Diario, donde la tira cómica alcanzó su momento culminante. En ese tiempo Suárez se desempeñaba, además, como secretario de redacción de Mundo Uruguayo.


Puntería en el deschave
La historieta era una de las atracciones del vespertino. Tanto Peloduro como El Pulga ingresaron en el ambiente popular rápidamente. El primero un futbolero fanático y el segundo un canillita que con el tiempo, además de casarse con La Porota, terminó como comentarista internacional.

En 1941, recibió el premio especial de historietas gráficas de la Comisión Municipal de Cultura, que consistió en $ 50.000 de la época. «Llega así una especie de reconocimiento oficial para el mérito de Peloduro y su autor Julio E. Suárez. Reconocimiento oficial decimos, porque desde el primer instante de su nacimiento «Peloduro» fue reconocido y consagrado por un padrino que nunca falla: el público», anunció El Diario. «Cuando el personaje de Suárez hace su aparición trae consigo la carta de triunfo: su idiosincrasia. Es la misma del medio de que procede, con sus defectos y sus virtudes. El pueblo reconoce en él su imagen y, con beatitud y complacencia de padre, asiste a las travesuras del hijo.(...) Y este es el primero y fundamental valor del héroe de Suárez: su identificación con la masa. Tiene gayadura de pueblo. El ancho cinturón de la ciudad, el arrabal sumiso y rebelde a la vez, es el escenario donde «Peloduro» se mueve como pez en el agua. Difícilmente pueda ser mejor captado en el graficismo sintético del dibujo y el diálogo el espíritu de las típicas barriadas rioplatenses como lo ha hecho Suárez. Espíritu multiforme resultancia de la heterogeneidad de los seres que lo componen, pero unido al sentimiento vital de subsistir y progresar», escribió un cronista celebrando el acontecimiento.



El 28 de julio de 1943 nació Peloduro «publicación semanal, uruguaya, solterona, con domicilio en Cerrito 685.» Agregaba que la revista «se compromete formalmente a considerar todos los trabajos que espontáneamente envíen sus lectores, pero de ninguna manera se hace responsable por la devolución de los materiales no solicitados ¿Vamos a respetarnos?» El «cuerpo humano de redacción» estaba integrado, entre otros, por Serafín J. García, Arthur N. García (Wimpi), Carlos Martínez Moreno, Julio C. Puppo (El Hachero) y Dionisio A.Vera (Davy). El humor era de rigurosa actualidad. Con el tiempo pasaron escribas y dibujantes como Mario Benedetti, Jorge Sclavo, Mauricio Rosencof, Elina Berro (Mónica), Blankito, Denry Torres, Horacio Arturo Ferrer, Domingo Ferreira, Julio Rossiello, Leonardo Galeandro, Carlos Núñez, Fidelio, entre otros.

Un cierre frustrado
En su número del 6 de agosto de 1964 tituló en tapa: «Quisieron cerrar Peloduro pero no pudieron». En l
a página 10 un pequeño recuadro informa que «hace dos noches, tras una ardua jornada, varios componentes del cuerpo humano de redacción se retiraban de nuestras oficinas y, al intentar cerrar la puerta de acceso a las mismas, comprobaron con alarma que no podían cerrar Peloduro. Inútiles fueron los esfuerzos en tal sentido, inútiles los rezongos de Maruja, terror de los redactores noctívagos, inútiles asimismo los servicios de un experimentado cerrajero. Finalmente, hubo que poner una silla tras la puerta, ante la imposibilidad de cerrar Peloduro.»

La revista dejó de salir en 1964. Luego Suárez publicó en La Mañana una página con el nombre de su personaje, con el agregado «órgano de la parroquia».

Jess acompañó a Quijano también en Marcha. Era caricaturista del semanario y responsable de la contratapa que tituló Caricapturas. Hugo Alfaro, en su libro de memorias, recuerda su «sabiduría en el humor: cuando los blancos independientes, para cubrirse, inscribieron el lema ‘Por la Patria’, Peloduro dijo:’Por la Patria y Por las Dudas’. Era la puntería en el deschave, eso que no hay que explicar porque todos lo entienden.»

Suárez fue un apasionado de las ruedas nocturnas en santuarios como el «Baar Fun Fun» y otros reductos de la Ciudad Vieja. Cuenta Omar Prego que «en alguna ocasión, nos contó Onetti, Marcha pudo salir gracias a la generosidad de alguna gente no demasiado recomendable, a la que el propio Onetti, Julio Suárez y el ‘Tape’ López Silveira, recurrían en boliches menos recomendables aún, de la zona del puerto, a gente que contribuía (con esa inefable fe que los iletrados depositan en La Cultura) para que el semanario que quizá jamás leyeron, siguiera saliendo. Todo esto, claro está, a espaldas del doctor Quijano, que con eso no jugaba.»

Escribió tan bien como dibujó. Libretó para radio: «Peloduro» en CX 24 La voz del aire, «Marieta Caramba», interpretada por la actriz Jebele Sand y «Charlas con Juan Julio», ambas en CX 14 El Espectador. Fue autor del memorable «Diccionario del disparate», de los recordados «Comentarios internacionales de El Pulga» y guionista de «Los risatómicos».

Murió en Montevideo el 15 de agosto de 1965, en esa ciudad donde nos puso Dios «sabiendo lo que hacía». Cuando le solicitaron una definición de humorismo recordó que alguna vez dijo «algo trascendente: que el humorismo es un estado doloroso de la conciencia, qué te parece. Lo que pasa con un humorista es que vive fuera de los convencionalismos y ve las cosas en paños menores aun en los momentos de mayor dramatismo.»
Artículo publicado en EL PAIS CULTURAL. Caricatura final Julio E. Suárez por Ombú.