«Hay que pintar deprisa. ¡Cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!» Joaquín Sorolla y Bastida (1863–1923) fue uno de los grandes pintores españoles de finales del siglo XIX y principios del XX. Quedó huérfano a los dos años, pero muy pronto descubrió su vocación por la pintura. Estudió en Valencia, viajó a Roma y París y allí conoció nuevas formas de entender el arte. Su gran obsesión fue la luz, especialmente la del Mediterráneo. Pintó playas, niños, familias y escenas de la vida cotidiana con una pincelada suelta, llena de color y movimiento. También mostró la pobreza y las injusticias de su tiempo. Alcanzó fama internacional y expuso con gran éxito en Europa y Estados Unidos. Entre sus grandes trabajos destaca Visión de España, catorce enormes murales realizados para la Hispanic Society de Nueva York. Sorolla murió en 1923, después de sufrir una hemiplejia que le impidió seguir pintando. Su obra sigue recordándonos que la belleza también puede estar en las cosas sencillas: una tarde de playa, una familia, un niño jugando o la luz del sol.
11 de agosto de 2026
Joaquín Sorolla y Bastida
«Hay que pintar deprisa. ¡Cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!» Joaquín Sorolla y Bastida (1863–1923) fue uno de los grandes pintores españoles de finales del siglo XIX y principios del XX. Quedó huérfano a los dos años, pero muy pronto descubrió su vocación por la pintura. Estudió en Valencia, viajó a Roma y París y allí conoció nuevas formas de entender el arte. Su gran obsesión fue la luz, especialmente la del Mediterráneo. Pintó playas, niños, familias y escenas de la vida cotidiana con una pincelada suelta, llena de color y movimiento. También mostró la pobreza y las injusticias de su tiempo. Alcanzó fama internacional y expuso con gran éxito en Europa y Estados Unidos. Entre sus grandes trabajos destaca Visión de España, catorce enormes murales realizados para la Hispanic Society de Nueva York. Sorolla murió en 1923, después de sufrir una hemiplejia que le impidió seguir pintando. Su obra sigue recordándonos que la belleza también puede estar en las cosas sencillas: una tarde de playa, una familia, un niño jugando o la luz del sol.

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